En el jardín

Había una vez en un jardín una joven enfadada y huidiza que se pasaba el tiempo criticando a los demás. Su nombre era Cris y muchas veces se decía:

  • Mira ahí está Rosa otra vez… ¡Tan presumida como siempre!
  • Fíjate en Marga… ¡Se cree que lo sabe todo!

Cris no era feliz. Pero no era capaz de darse cuenta que su felicidad nada tenía que ver con los demás.

Un día conoció a una anciana que se sentó a su lado y que la observó mientras ella refunfuñaba.

  • ¿Qué te pasa pequeña?- preguntó la anciana.
  • Nada- respondió Cris indignada.
  • Está bien- dijo la anciana. No quieres contármelo. No me conoces. Soy Lisa y se nota que sientes rabia.

Y antes de que Cris pudiera responderle, Lisa le dijo:

  • Vendré cada semana para estar a tu lado.

La anciana vino cada semana puntualmente y como había dicho se sentó al lado de Cris para hacerle compañía. Al principio solo hablaba Lisa, pero poco a poco entablaron ambas una conversación. Pronto Cris esperaba con ganas la visita semanal de su amiga anciana. Y un día sin más compartió con Lisa lo que le pasaba:

  • Veras, me siento frustrada…
  • ¿Por qué? – dijo la anciana.
  • Mira a Rosa a donde va enamora…- suspiró Cris.
  • Y mira a Marga todos le piden consejos sobre su vida…- continuó.
  • ¿Y por qué te molesta lo que hagan los demás Cris?
  • Porque me gustaría tener lo que ellas tienen…
  • ¿Para qué?
  • No quiero…- decía Cris entre lágrimas- no quiero ser nada…
  • Pero Cris… Tú ya eres alguien… ¿Por qué te comparas?
  • ¿Acaso compararías una Rosa con una Margarita?
  • .. – musito Cris finalmente- ambas son preciosas.

Y con esas palabras se despidió Lisa hasta la semana siguiente. Pero pasados los 7 días la anciana no apareció. Cris la esperó al cabo de una semana, y de la otra, y también  la de después. Hasta que le llegó a sus oídos que su amiga había  fallecido hacía un mes.

Cris fue al cementerio a despedirse de la anciana.  Y pudo ver como su tumba estaba llena de flores blancas y frondosas… preciosas… que simbolizaban lo efímero de la vida y lo importante que es vivirla. Así que Cris suspiró profundamente y tuvo la última conversación con Lisa:

  • Por fin lo he comprendido… es absurdo comparar un crisantemo con una rosa, o con una margarita… Todas son preciosas… pues todas son flores vivas. Gracias por ser mi amiga… Hasta siempre querida Melisa.

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Llegenda de Sant Jordi: Què li passa al drac?

Hi havia una vegada en un poble de Catalunya un drac molt ferotge. Sempre que podia incendiava alguna cosa amb el foc de la seva boca. La gent del poble li tenia molta por i no sabia que fer.

Un dia el rei  es va donar compte que la princesa havia desaparegut. Estava clar que  l’espantós drac  l’havia raptat!!!

  • Si no maten el drac segur que es menjarà la princesa – es lamentava el rei.

El rei va enviar missatges a tot el regne per demanar ajuda d’algun valent cavaller que rescatés a la seva filla de les urpes del drac. Només un jove va ser tan agosarat per acceptar la gesta: el valent cavaller Jordi.

  • Has de salvar la princesa d’aquest horrible drac, cavaller Jordi – implorava el rei.
  • No pateixi senyor… la meva espasa es la més punxeguda i ràpida de tots els països catalans.

Així, el cavaller Jordi va anar a buscar el drac i a la princesa muntat en el seu cavall i armat amb espasa, escut i llança. Quan el va trobar va cridar:

  • Te’n penediràs maleït drac!

Però abans de que pogués apropar-se va escoltar:

  • Nooooo!!!!

El cavaller Jordi va quedar tot parat quan es va adonar que havia estat la  princesa qui l’havia aturat en la seva intenció de matar el drac.

  • Princesa, què no us ha raptat aquest drac?
  • Sí .. però en el fons no és dolent i no es mereix la mort.
  • No entenc res, princesa – deia sorprès el cavaller Jordi. – No és aquest el drac que espanta a tothom i que treu foc per la boca?
  • Sí… però només ho fa perquè està molt enfadat.
  • Com ho saps?
  • Mira, cavaller, jo vaig conèixer aquest drac quan era un dragonet. El cuidava el mag del poble. Jo venia sovint perquè necessitava pocions d’herbes per la meva al·lèrgia, i mentre el mag em preparava la poció jo jugava amb ell. Era molt dolç.
  • I què va passar, princesa?
  • Doncs que el mag es va morir i el drac es va quedar sol.
  • Va intentar apropar-se al poble per fer algun amic – continuava explicant la princesa – però la gent del poble li tenia por i el feien fora a pedregades. Llavors es va quedar en una cova fins que es va fer gran i va començar a atacar a tothom.
  • I per què  no el vas ajudar tu, princesa?
  • Podria haver-lo ajudat – plorava la princesa – però era molt jove i tenia por que em rebutgessin a mi també.
  • Si us plau, cavaller, ajudem a treure-li la ràbia de dins!

Els dos es van quedar pensatius mentre el drac estava escopint foc i grunyint uns metres més enllà.

  • Ja ho sé! – va cridar el cavaller Jordi.

Va muntar sobre el seu cavall per saltar i  posar-se sobre el drac. I allà sense pensar-s’ho el va començar a abraçar. El drac va escopir foc com mai i els seus crits de ràbia es van sentir per tot el poble. Però el valent cavaller Jordi continuava amb la ferma voluntat de demostrar-li al drac que qualsevol emoció es pot calmar.

Poc a poc, el drac va anar tranquil·litzant-se fins que va quedar esgotat. Llavors va respirar profundament i unes llàgrimes ruboroses li van lliscar dels seus grans ulls. De cada gota que va tocar el terra va néixer un roser. Un roser exuberant que gairebé a l’instant va donar milers de roses vermelles. Una per cada dia que havia viscut amb ràbia, por i pena.

El cavaller Jordi va tornar al poble aclamat per la seva valentia. La princesa va recuperar l’amistat que havia tingut amb el drac quan era petita. I el poble va poder conviure amb aquell animal en calma i harmonia.

I per celebrar cada any aquell gran dia, tothom regala una rosa roja a qui estima amb alegria. Doncs les flors que van néixer d’unes  llàgrimes sentides són símbol de perdó, amor i una nova vida.

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Cuando eches la vista atrás

Ahora vives un momento que se te antoja lleno de esperanza y sueños. Todo está por hacer y sientes que cada instante cuenta, cada instante te define….

Pero cuando crezcas un poquito más te darás cuenta que no todo es blanco o negro… y la vida está llena de grises…amarillos…azules…violetas y añiles.

Te darás cuenta que la libertad que tanto ansías viene a la vez que la responsabilidad.

Verás que todas las promesas de amistad no son iguales…la mayoría son circunstanciales… y sólo unas pocas lo son de verdad.

Te darás cuenta que tus esfuerzos por controlar a los demás o intentarlos cambiar son en vano y la única persona que vale la pena moldear eres tú… aunque llegar a esa conclusión te costará unas cuantas decepciones.

Aprenderás a ver las cosas con perspectiva… ni hay nada tan difícil…ni se puede todo…. serás consciente de que la vida está llena de decisiones y si eres consecuente con ellas, todo fluirá más.

Aceptarás que los demás, igual que tú, lo hacen lo mejor que pueden y te resultará más fácil perdonar a quienes te hieren…incluso si ese, eres tú mismo.

Y cuando eches la vista atrás y te recuerdes siendo un adolescente, sonreirás y valorarás lo mucho que de lo malo aprendes…y lo mucho, que en realidad, los demás te quieren.

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Las Semillas

En un pueblo lejano una pareja que quería prometerse en matrimonio debía reunirse con un sabio para que oficiara la boda.

– Bienaventurado sabio, le pedimos sus bendiciones para que formalice nuestro amor en matrimonio-  le dijo la pareja.

– Para poder establecer una fecha que traiga estabilidad al enlace os debéis convertir en agricultores fieles de estas semillas que os entrego hoy- les aconsejó el sabio.

– De acuerdo- dijo la pareja de novios- ¿De qué vegetal son estas semillas?

-No lo sé- respondió el sabio.

– ¿Pero entonces cómo sabremos que tenemos que hacer?- dijeron un poco enfadados.

– Si sois  agricultores fieles lo descubriréis.
La pareja se marchó frustrada a su casa. No entendían porque el sabio no podía darles una fecha para casarse y ya está. ¿Acaso el amor que se manifestaban no era suficiente?

Pusieron cada semilla en un tiesto con tierra fértil. La rociaron con agua frecuentemente para que no perdiera humedad. Al cabo de unos 4 días unas semillas empezaron a brotar y enseguida las pusieron al sol. Pero las otras no aparecían….

La pareja que realmente se quería mucho y deseaba casarse, no desistió y continuó regando pacientemente la otra semilla, mientras que la que germinó iba creciendo poco a poco.
A los 40 días la segunda semilla también germinó y enseguida la pusieron también al sol.

Observaron sus dos brotecitos y descubrieron que se trataba de una tomatera y una patatera. Así que se asesoraron e hicieron todo lo que esas dos hortalizas necesitaban.

Finalmente, al cabo del tiempo se reunieron otra vez con el sabio, muy orgullosos de ofrecerle unos magníficos tomates y unas esplendidas patatas.

– ¡Qué verduras tan ricas! – exclamo el sabio- decidme que habéis aprendido.

– A ser pacientes y respetuosos – contestaron. – I a estar implicados.

– No olvidéis esta lección ahora que os casareis y sobre todo al formar vuestra propia familia, pues vuestros hijos son como esas semillas.

– Al igual que las semillas requieren tierra para echar raíces, ellos necesitan alimento y un hogar seguro.

– Al igual que las semillas requieren agua pura cada día, ellos necesitan vuestro amor incondicional.

– Al igual que las semillas requieren sol para crecer, ellos necesitan vuestra luz para tomarla como ejemplo.

– Al igual que las semillas requieren un agricultor fiel, ellos necesitan unos padres que los vean crecer con atención y respeto.

– Seguid estos humildes consejos dejando ser a las semillas lo que son, y con el tiempo veréis vuestros hijos convertidos en personas que ofrecen sus mejores frutos al resto.

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El cuento de Oruguita

Había una vez una Oruguita que quería ser mariposa. Ella miraba a su papá azul, imperturbable, siempre fuerte y quería ser como él…. Ella miraba a su mamá rosa delicada siempre considerada y quería ser como ella… Un día se acercó a su papa y le dijo:

– ¡Papá cómo puedo llegar a ser una mariposa fuerte como tú!
– No tienes que tener miedo – le contestó.
– ¿Tú no tienes miedo?
– ¡Nunca! – Exclamó su padre.
– Pero yo tengo miedo de no poder ser una mariposa…
– Pues entonces nunca podrás serlo – Sentenció la mariposa azul.

Oruguita se marchó triste y con más miedo que antes… ¿Qué pasaría si no conseguía deshacerse del miedo? Entonces se acercó a su madre y le preguntó…

– ¿Mamá cómo puedo llegar a ser una mariposa tan considerada como tú?
– No debes enfadarte nunca – Le contestó.
– ¿Tú no te enfadas?
– ¡Si lo hago, no lo demuestro! – ¡Exclamo su madre!
Oruguita, de repente, se sintió enfadada… ¡No era justo todo lo que tenía que hacer para conseguir ser una mariposa! Y le preguntó…
– ¿Y qué pasa si me enfado?
– ¡Pues que no serás nunca una mariposa delicada como yo! – le dijo la mariposa rosa.

Oruguita se marchó enfadada, triste y con más miedo… ¡Sería imposible poder llegar a ser una mariposa nunca! – se decía.
Pasaron los días y Oruguita se encerró en sí misma. Tejía una red llena de miedo, ira y tristeza. No sabía cómo salir de aquel sinsabor. Hasta que un día miró hacia el cielo y vio volando una mariposa maravillosa… Era de color amarillo, llena de luz y de alegría. Se acercó a Oruguita y le dijo…

– ¿Qué te pasa preciosa?
Oruguita se puso a llorar de rabia, tristeza y miedo… Rabia porque no sabía cómo conseguir ser una mariposa, tristeza porque decepcionaría a quien ella más quería y miedo porque pensaba que ya nadie le querría, si no lo conseguía.
– Es que nunca podré ser una mariposa de verdad – musitó Oruguita.

La mariposa amarilla le invitó a que la siguiera hacia un lago… Y le dijo
– Dime lo que ves…
Oruguita se asomó y vio una preciosa mariposa color violeta y dijo – ¿Cómo puede ser? He tenido miedo… Me he enfadado… He estado triste…
– Eso no importa – Le dijo la mariposa amarilla sonriendo.
– ¿Por qué? – Preguntó Oruguita mientras se contemplaba convertida ya en una mariposa violeta.

– Sólo tenías que ser tu misma… Siempre fuiste una mariposa.

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